– ¿qué miras?

– La Luna llena, escondida entre el banco de nubes en el horizonte. – ¿y eso por qué? ¿Te gusta la luna?- Mi madre me cuenta, que de niño siempre la observaba. La miraba perplejo. Al parecer su brillo apoyado por el sol distante, cautivaba mi mente. Sólo la miraba y decía: la lunaaa.- Interesante. Y ahora que eres adulto, ¿sigue cautivándote?- Sí. Creo que ahora me cautiva más. Ahora me seduce en su intensidad con suaves colores. Sigue besando mis pupilas con el brillo prestado del hermano sol. Narra que en su soledad sus fases siempre serán un abrazo para mis facetas terrenas y que sin dejar de ser yo, puedo destacar. Me susurra lo que pasa por el mundo y que mientras yo veo un pedazo, en otro lugar del mundo ven, su crecimiento. Que cuando allá ven decrecimiento yo donde estoy, veo como ensancha su iluminación. Nuestra señorío nocturno y se impone con majestad humilde y sublime.Sí, aún me cautiva la luna… aunque no lo recuerde, creo que me enamora como el primer día. Ahora, me cautiva, brindo con ella y por ella, con vino, un libro y las letras que describan cuánto daría por llegar donde ella. En las noches, observarla y decir: La Lunaaa… volver a ser un niño, infante, seducido, cautivado e impactado… Observando la luna llena, escondida en el banco de nubes en el horizonte, mis horizontes, escondida mi luna en el banco de nubes…José Carlos Figueroa Barbosa (Derechos reservados 2024)

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